El criterio como activo no comoditizable

por Miguel Lucas

Dos profesionales te entregan el mismo informe impecable, fundamental para la continuidad de tu negocio. Uno ha tardado tres semanas y el otro tres horas con IA bien dirigida. Si llevamos un siglo cobrando por esfuerzo y el esfuerzo ya no es medida del valor, ¿qué debería medirlo?

Los servicios profesionales llevan un siglo facturando por tiempo, pero ese proxy se ha roto. En el ámbito legal, la IA agéntica ya ha reducido el tiempo de respuesta a quejas de 16 horas a apenas 4 minutos —una ganancia superior a 200x 1. Cuando la ejecución se acelera en esos órdenes de magnitud, persistir en el cobro por horas penaliza la eficiencia y destruye márgenes. No son casos aislados: según Deloitte, el 67% de los compradores de consultoría prefieren ya contratos de precio fijo frente al 41% de hace tres años 2. El cliente ya no paga por el esfuerzo. Paga por la certeza del resultado.

Porque el valor no desaparece: migra. Del «hacer» —la ejecución ahora automatizable— al «decidir» —el criterio humano que determina qué debe producirse, bajo qué contexto y con qué responsabilidad. No al informe o la campaña en sí, sino a la cadena de decisiones que los moldeó. Por qué esta estructura. Qué se descartó y por qué. Eso es criterio.

El experimento de Harvard y BCG con 758 consultores lo confirma: los profesionales asistidos por IA fueron un 25% más rápidos y produjeron resultados de calidad superior. Pero en tareas que requerían síntesis contextual fina, quienes delegaron en la IA tuvieron un 19% menos de probabilidades de acertar 3. La herramienta multiplica el juicio experto; sin él, multiplica la mediocridad.

Y aquí la paradoja. El mayor obstáculo para cobrar por el criterio es que el pensamiento es invisible. Un informe de 50 páginas parece justificar un honorario elevado; una recomendación de una frase que salva una empresa suele recibirse con escepticismo sobre su coste. Quienes lideran esta transición lo resuelven haciendo visible el proceso de decisión: alternativas evaluadas, riesgos mitigados, la lógica tras cada paso. La autoría migra del resultado al razonamiento que lo produjo.

Steinmetz lo entendió hace un siglo. Llamado por Ford para reparar un generador que nadie conseguía arreglar, escuchó la máquina durante dos días, hizo una marca con tiza y ordenó retirar 16 espiras de las bobinas en ese punto exacto. Cuando Ford recibió la factura de 10.000 dólares y pidió un desglose, Steinmetz respondió: «Hacer una marca con tiza: 1 dólar. Saber dónde hacerla: 9.999» 4.

La IA es hoy el marcador de tiza. El profesional que entiende esta migración no compite por producir más rápido: compite por saber dónde marcar. Y ese saber —sedimentado en miles de decisiones reales, errores asumidos y consecuencias aprendidas a lo largo de una carrera— no se replica con prompts. Lo que la IA no puede reproducir no es lo que sabes hacer. Es lo que has aprendido a no hacer.

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Referencias

  1. DJ Holt Law — The Death of the Billable Hour and the Rise of Value-Based Pricing
  2. Consulting Success — How AI Exposed The Fatal Flaw In Billable-Hour Consulting
  3. INFORMS — Navigating the Jagged Technological Frontier
  4. Quote Investigator — Anecdote Origin: Knowing Where To Tap