El impuesto que protegía la verdad
por Miguel Lucas
Durante siglos, lo que nos protegió de la mentira no fue la virtud. Fue el precio. La IA ha roto esa ecuación. ¿Qué pasa con la verdad cuando verificar es mil veces más caro que fabricar?
Falsificar un estudio, fabricar una prueba, sostener un engaño elaborado costaba tiempo, talento y dinero. Nunca llamamos a eso “protección” porque era invisible: la carestía de producir falsedad actuaba como un filtro que nos defendía sin que lo supiéramos.
La revisión por pares asumía que escribir un paper científico exigía meses de trabajo. Por eso un puñado de revisores voluntarios podía sostener la carga: solo en 2020, los académicos dedicaron más de 100 millones de horas no remuneradas a revisar manuscritos 1. Hoy se publican más de 3,2 millones de artículos científicos al año, un 48% más que en 2015 1, y Retraction Watch ha superado ya las 65.000 retracciones documentadas 2, algunas con frases tan delatoras como “As an AI language model, I…” coladas entre revisores expertos 7.
El fact-checking vive el mismo desfase: 443 organizaciones en todo el mundo produjeron 38.000 verificaciones en los primeros cinco meses de 2025, un 6% menos que el año anterior 3, mientras el contenido generado por IA igualó y llegó a superar en volumen al escrito por humanos en internet ya en 2024 4.
Y en los tribunales, un abogado británico tuvo que recurrir a peritaje forense para demostrar que un audio con amenazas en un caso de custodia era un deepfake fabricado con software y tutoriales disponibles online 5. Ninguna de estas instituciones falla por pereza. Su arquitectura entera se calibró para un mundo donde lo escaso era el output. La IA no rompe una regla concreta: retira el suelo.
Aquí entra la ley de Brandolini: refutar una tontería cuesta un orden de magnitud más que producirla 6. No es nueva, es tan vieja como la propaganda. Lo que ha cambiado no es la asimetría, sino la escala. Durante siglos toleramos ese impuesto porque mentir también costaba: el que fabricaba un engaño pagaba un peaje parecido al del que lo desmontaba. La IA rompe esa simetría de costes: reduce a cero el precio de producir lo plausible y deja intacto el precio de verificarlo. El revisor, el periodista y el juez operan hoy con una regadera contra una manguera. No hemos perdido la verdad. Hemos perdido el impuesto que la protegía.
Nuestras instituciones de verificación no necesitan más recursos. Necesitan un diseño que no dependa de la escasez. Y todavía no lo tenemos. Si la fricción que nos protegía ha desaparecido y aún no hemos construido lo que la sustituya, ¿en qué nos apoyamos mientras tanto para decidir qué es verdad?
Tesis relacionadas
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- Tesis 05 Habla con la elocuencia del experto y la responsabilidad de nadie.
Referencias
- The Guardian — Quality of scientific papers questioned as academics overwhelmed by the millions published ↩
- Retraction Watch — Base de datos de retracciones ↩
- Duke Reporters' Lab — Censo global de fact-checking 2025 ↩
- Graphite — More articles are now created by AI than humans ↩
- CYFOR — Deepfake audio evidence used in UK court to discredit father ↩
- Wikipedia — Brandolini's law ↩
- Nature — Science sleuths flag hundreds of papers that use AI without disclosing it ↩